El disparo es una secuencia de eventos mecánicos y químicos que ocurre en fracciones de segundo. Todo comienza cuando se acciona el gatillo y el mecanismo de disparo libera el percutor o martillo, el cual golpea el fulminante situado en la base del cartucho.
Este impacto provoca una reacción que enciende la carga propulsora. La rápida combustión de la pólvora genera una gran cantidad de gases a alta presión dentro del cartucho, creando la fuerza necesaria para impulsar el proyectil a través del cañón.
Mientras el proyectil avanza, la presión también actúa sobre el casquillo y las piezas internas del arma. En muchos modelos semiautomáticos, esta energía permite la extracción del casquillo disparado y la preparación del siguiente cartucho.
La velocidad con la que ocurre este proceso es extraordinaria, completándose generalmente en milésimas de segundo. Comprender cada etapa resulta fundamental para interpretar los fenómenos balísticos, identificar posibles evidencias y entender cómo se originan los distintos indicios asociados a un disparo.