La fotografía forense debe cumplir ciertos requisitos fundamentales. En primer lugar, las imágenes deben ser claras y nítidas. Una fotografía borrosa o mal iluminada puede perder valor probatorio. También es importante que las imágenes mantengan una secuencia lógica que permita comprender correctamente la escena. Además, las fotografías deben conservar las proporciones y posiciones originales de los objetos fotografiados.
Otro aspecto esencial es la integridad de la evidencia fotográfica. Las imágenes deben conservarse sin alteraciones y mantenerse bajo procedimientos de control conocidos como cadena de custodia. Esto garantiza que las fotografías presentadas en una investigación correspondan realmente a los hechos documentados y no hayan sido manipuladas posteriormente.