¡Bienvenidos a la clase 4! 😄 En este punto del curso ya sabemos qué es la balística forense, de dónde vienen las armas y qué fuerzas físicas actúan cuando ocurre un disparo. Ahora toca responder una pregunta clave: ¿todas las armas de fuego son iguales? La respuesta corta es: para nada. Y la respuesta larga… es esta clase.

Primero, vamos a entender qué es un arma de fuego. En términos sencillos, es un dispositivo diseñado para lanzar un proyectil utilizando la energía generada por la combustión de la pólvora. A partir de ahí, las armas se pueden clasificar de varias formas, y esta clasificación es muy importante en balística forense, porque cada tipo deja evidencias distintas.

Una forma común de clasificación es por su longitud y forma de uso. Aquí encontramos principalmente armas cortas y armas largas.
Las armas cortas, como las pistolas y los revólveres, son compactas y fáciles de portar. Suelen encontrarse con más frecuencia en hechos delictivos urbanos. Las armas largas, como rifles y escopetas, tienen mayor tamaño y generalmente mayor precisión o potencia, dependiendo del caso.

Ahora entremos en las diferencias estrella: pistola vs. revólver. Aunque muchas personas las confunden, funcionan de manera distinta.
El revólver tiene un tambor giratorio donde se alojan los cartuchos. Cada vez que se aprieta el gatillo, el tambor gira y coloca un nuevo cartucho frente al cañón. Una pista forense interesante es que los revólveres normalmente no expulsan los casquillos, por lo que en una escena del crimen puede no haber casquillos visibles.
La pistola, en cambio, utiliza un cargador y un sistema semiautomático. Al disparar, el casquillo es expulsado automáticamente. Así que encontrar casquillos en el suelo puede sugerir el uso de una pistola y no de un revólver.

Otro criterio de clasificación es el sistema de disparo. Aquí hablamos de armas de acción simple, doble acción, semiautomáticas y automáticas.
Un ejemplo sencillo: en un arma semiautomática, cada disparo requiere que el tirador vuelva a presionar el gatillo, pero el arma se recarga sola. En una automática, mientras el gatillo esté presionado, el arma continúa disparando. Este detalle es clave para interpretar la cantidad de disparos y el patrón de casquillos en una escena.

También es importante conocer el calibre, que se refiere al diámetro del proyectil. No es solo un número bonito para presumir; el calibre influye en el tamaño del orificio de entrada, el tipo de daño y el tipo de arma que pudo haber sido utilizada. Por ejemplo, un proyectil calibre .22 no se comporta igual que uno 9 mm, ni deja las mismas huellas.

Desde el punto de vista forense, entender cómo funciona un arma permite responder preguntas como:
¿Pudo dispararse accidentalmente?
¿Cuántos disparos pudo realizar sin recargar?
¿Qué tipo de casquillos debería encontrar?

En resumen, conocer la clasificación y el funcionamiento de las armas de fuego es como aprender las reglas del juego. Sin eso, sería imposible interpretar correctamente la evidencia balística.

En la siguiente clase nos enfocaremos en las municiones, analizando sus tipos, componentes y características, para entender cómo cada cartucho y proyectil aporta información valiosa a la investigación forense.

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