
En esta clase vamos a ponernos un poco científicos 🔬… pero tranquilos, nada de fórmulas eternas ni dolores de cabeza. La balística forense necesita de la física para explicar algo muy simple: ¿qué pasa exactamente desde el momento en que se aprieta el gatillo hasta que la bala llega a su destino? Spoiler: pasan muchas cosas en fracciones de segundo.
Comencemos por la energía. Cuando se acciona el gatillo, se activa el fulminante del cartucho, que enciende la pólvora. Esa pólvora no “explota” como en las películas, sino que se quema muy rápido, generando una enorme cantidad de gases. Esos gases producen energía que empuja el proyectil hacia adelante. Mientras más energía se genera, mayor será la velocidad del proyectil.
Un ejemplo sencillo: imagina inflar un globo y soltarlo sin amarrar. El aire sale con fuerza y el globo sale disparado sin control. Algo parecido ocurre dentro del arma, solo que de forma controlada y dirigida. La energía de los gases impulsa la bala a través del cañón.
Ahora hablemos de la presión, que es clave en la balística interna. La presión es la fuerza que ejercen los gases dentro del cañón. Si la presión es demasiado baja, el proyectil puede no salir correctamente; si es demasiado alta, el arma puede dañarse. Por eso las municiones están diseñadas para funcionar con rangos de presión específicos. En un análisis forense, encontrar un cañón dañado o un casquillo deformado puede indicar problemas de presión, como el uso de munición incorrecta o recargada de forma peligrosa.
Pasemos a la velocidad, que está muy relacionada con la energía y la presión. Al salir del cañón, el proyectil alcanza su velocidad máxima. Esa velocidad influye directamente en el daño que puede causar al impactar. No es lo mismo lanzar una pelota despacio que aventarla con toda tu fuerza; el efecto cambia por completo.
Una vez que la bala sale del cañón, entra en juego la trayectoria, que pertenece a la balística externa. Aunque en las películas las balas parecen viajar en línea recta perfecta, en la realidad siempre siguen una curva. Esto se debe a la gravedad, que empieza a actuar desde el primer instante. Además, factores como el aire, el viento y la distancia influyen en el recorrido del proyectil.
Un ejemplo cotidiano: cuando lanzas una piedra, no viaja recta hasta el suelo; sube y luego baja formando una curva. Las balas hacen lo mismo, solo que a muchísima mayor velocidad. En una escena del crimen, entender la trayectoria ayuda a estimar desde dónde se disparó, la altura del tirador y la posición de la víctima u objeto impactado.
Otro concepto interesante es el alcance. Existen dos tipos: el alcance efectivo (donde la bala aún es precisa y peligrosa) y el alcance máximo (hasta donde puede llegar antes de caer). Esto es importante para determinar si un disparo pudo realizarse desde cierto punto.
En resumen, la física del disparo nos permite explicar con lógica y ciencia lo que ocurrió. Energía, presión y trayectoria no son solo palabras complicadas: son las pistas invisibles que el perito interpreta para reconstruir los hechos.
En la siguiente clase conoceremos la clasificación y funcionamiento de las armas de fuego, aprendiendo cómo se dividen, cómo operan y por qué cada tipo de arma se comporta de manera distinta desde el punto de vista balístico.